El Bolsón es famoso debido a la majestuosidad de sus paisajes y su vida silvestre, a su producción agroecológica y al hecho de que ha sufrido importantes inmigraciones, constituidas por personas con el deseo de mejorar su calidad de vida en contacto con la naturaleza.
La diversidad cultural que caracteriza hoy a El Bolsón fue permanente en su historia. A los primeros colonos que tenían, al igual que los indígenas, su base productiva en el ganado y la agricultura, se sumaron, a medida que los servicios crecían, profesionales y empleados públicos.
Las tres últimas décadas traen inmigrantes que privilegian un estilo de vida en contacto con la naturaleza, por sobre el mayor confort comparativo que ofrecen los grandes centros urbanos de los que provienen.
La especial característica de El Bolsón como lugar de encuentro de las más diversas culturas es uno de sus principales atractivos, tanto para el que lo conoce como para quien sólo oyó hablar de ese lugar mágico donde confluyen campesinos y artistas, artesanos y profesionales, lugareños y extranjeros, en una combinación que no es posible hallar en otros sitios.
El Bolsón es, además, la ciudad más importante de la ?Comarca Andina del Paralelo 42?, región que se completa con las localidades chubutenses de Lago Puelo, El Hoyo, El Maitén, Epuyén y Cholila. Todas profundamente comprometidas con la protección del medio ambiente.
Por ordenanza municipal, El Bolsón se declara en 1984 localidad no nuclear. Más adelante se manifestó a favor de la vida, y en el año 1991 el gobierno provincial de Río Negro lo declaró municipio ecológico.
Producción
La ciudad es
un centro administrativo y comercial, y un excelente centro de servicios al turista.
El valle es agrofrutícola, el cultivo principal es el lúpulo (aromatizador de la cerveza), seguido de la fruta fina: frambuesa, cereza, guinda, frutilla, corinto, grosella, etc. Una buena parte de la cosecha de fruta se envasa en el lugar, no sólo en frascos de fruta al natural, sino también en forma de dulces.
El Bolsón se identifica además con la producción de alimentos orgánicos, elaborados con sistemas artesanales: cerveza, yogurt, quesos, patés, etc.
De los Hippies a los berries
La comarca andina es la Patagonia de los agronegocios "premium". Dos casos Las Moras y la Familia Mengoli
Esta microregión (8.500 km2), integrada por los municipios de El Bolsón y la Comuna
Rural de El Manso, en Río Negro, y los municipios de Lago Puelo, El Hoyo, El Maitén, Epuyén y Cholila, en Chubut, es la otra Patagonia. La que va más allá de la meseta y los ovinos. Es la Patagonia de los agronegocios "premium". La de los emprendedores que privilegian calidad y diferenciación de origen. La de los productos que encierran en su esencia los aromas, los sabores, los colores y la cultura del pedemonte cordillerano. La de las frutas finas y los dulces que cuando los vemos en la góndola del súper nos recuerdan aquellas vacaciones..., y que sorprenden a los consumidores europeos y norteamericanos con los aires del lejano Sur.
La fruta fina es el fuerte de la región (ver Infografía). Ahora, la comarca está en plena cosecha, que se inicia en noviembre (con frutillas), continúa en diciembre (con más frutillas, grosellas y las primeras frambuesas y cerezas), sigue en enero (con frambuesas, boysemberries, moras tempranas, guindas, cerezas, cassis y corintos, continuando con la frutilla), y en febrero hasta las heladas de mayo, finaliza con las frambuesas reflorecientes y las moras medias y tardías.
Segun los datos suministrados a Clarín Rural por el Estudio Pérez Castelli, Ciarlo & Asociados (PCC), con 30 años de experiencia en asesoramiento integral en desarrollo y gestión de agronegocios, el precio de la tierra para dedicar a esta actividad ronda los 10.000 a 20.000 dólares por hectárea. La incorporación de tecnología ha crecido mucho en los últimos años y para muestra basta un botón: el 38% de los productores (30) ya poseen cámaras frigoríficas. Además de la fruta fina en fresco y congelada, "el principal producto de la comarca es el dulce convencional, le siguen los dulces dietéticos, y luego las conservas", indicaron los Ing. Agr. Luis Pérez Castelli y Francisco Ciarlo, de PCC. 
Abogado y productor
El Dr. José Luis Bianco, propietario del Establecimiento Las Moras, una chacra de 9 hectáreas que está ubicada a 2,5 km de El Bolsón, en la zona del camino de Los Nogales, tiene 7,5 hectáreas de producción propia de frutillas, moras, boysemberries y frambuesas. Sus fuertes son la incorporación de nuevas variedades y el armado de una forma asociativa con productores italianos para abastecer en contraestación. "Este es un emprendimiento familiar orientado a clientes 'premium' que apunta fundamentalmente a la calidad, eligiendo variedades de elite. Aplicamos Buenas Prácticas Agrícolas (BPA) y de Manufactura (BPM) y ya tenemos todas las normas para empezar con trazabilidad. Desde el inicio del verano hasta entrado el invierno ofertamos fruto en fresco y luego congelado, que se destina a los supermercados de la zona y también a Buenos Aires", comentó Bianco.
Hace poco, cerró un acuerdo con un grupo italiano (productores y comercializadores de Verona) para desarrollar en su campo las nuevas variedades de mora (Lockness y Chester) que demandan los consumidores europeos y que serán exportadas en la próxima temporada. El negocio largará con 500 kilos semanales en fresco, que tendrán que estar en las góndolas italianas a las 48 horas de cosechadas. En ese mercado, las buenas moras y frambuesas se están pagando entre 8 y 15 euros el kilo. A futuro, pronostican una exportación de entre 3.000 y 4.000 kilos semanales, que concretarán asociándose con otros productores de la zona, para poder hacer volumen y calidad. "Corremos con la ventaja de producir en contraestación (cuando los países del Norte no tienen producción propia) y de poder exportar desde una zona sanitariamente privilegiada. Para cumplir con las exportaciones hemos incorporado una cámara de frío bajo normas EurepGap con sistema de congelado rápido IQF", comentó. "A futuro, quizás en dos años, nos reconvertiremos a orgánicos", pronosticó.
Los Méngoli
Sobre la ruta 258 a 2,5 km de El Bolsón, yendo hacia Esquel, está la Dulcería Familia Méngoli, una pyme familiar que se mueve al ritmo de la batuta de Mario Méngoli, introductor de una línea para diabéticos. Su campo es de 2 hectáreas, con certificación orgánica, dónde mayormente produce cerezas. Al año sacan 120.000 kilos de fruta propia, cosechan cerca de 40.000 kilos de fruta silvestre (especialmente calafate, mosqueta y zarzamora) y elaboran unos 200.000 frascos de dulce, sin conservantes. Ya están tramitando la denominación de origen y piensan largarse, cuando tengan volumen y capacidad, a la exportación.
"Desde que comenzamos, en 1989, venimos duplicando la producción cada año, y nuestro objetivo es seguirlo haciendo", comentó Mario Méngoli, quien desarrolla también formas asociativas con unos 15 productores, para la compra de frutas ("frambuesa, mora y guinda") o para que produzcan para la firma ("en este caso, les damos los plantines").
Gracias a la cámara de congelado que tienen, hacen dulce todo el año y no sólo en época de cosecha. El producto, orientado hacia un consumidor que valora la calidad, se comercializa con la marca Familia Méngoli, desde Ushuaia hasta la costa atlántica y también en Buenos Aires. Tienen la línea tradicional con azúcar y una nueva para diabéticos insulino-dependientes (2,5 millones de personas tienen esta enfermedad en la Argentina), que elaboran con fructosa importada de Finlandia y seis frutas muy ácidas: mosqueta, frambuesa, guinda, membrillo, frutilla y zarzamora. Desarrollarla les llevó 10 años de investigación. Entre febrero y marzo, gracias al trabajo conjunto con el Ing. Antonio De Michelli, de Inta El Bolsón, la cuarta zona sanitaria y la gente de bromatología del gobierno provincial, sacarán al mercado una línea de fruta natural en conserva también para diabéticos.
"Hoy la Patagonia es un boom, una marca a explotar, una región potencialmente muy rica... pero para que un negocio sea rentable ya no va más la chacrita de dos hectáreas, mínimamente hay que tener cinco", sintetizó Méngoli.